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COLISIONES CON EL TRÁFICO MARÍTIMO |
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Las colisiones
de embarcaciones con cetáceos en alta mar es un hecho ocasional que
se puede producir con cualquier tipo de barco, incluso con pequeños
veleros. Por este motivo el tráfico marítimo no había
sido considerado una seria amenaza para la conservación de las ballenas
y delfines. Sin embargo, en las zonas de concentración de estos mamíferos
marinos, especialmente en áreas de alimentación y reproducción,
las colisiones pueden llegar a ser frecuentes, e incluso poner en peligro
a determinadas poblaciones. El riesgo de colisión se produce como consecuencia del periodo de tiempo que las ballenas y delfines deben permanecer en superficie para respirar y descansar, y que puede coincidir con el paso de las quillas o hélices de los barcos. Por este motivo, de no contar con medios eficaces de detección de cetáceos, el incremento del tráfico marítimo que se viene produciendo en las islas hará que las probabilidades de colisión aumenten, máxime cuando a los barcos tradicionales se le añade un nuevo factor de riesgo como es la alta velocidad. En las Islas Canarias los primeros barcos de alta velocidad fueron los conocidos Jet-foils que operaron durante más de 25 años entre Tenerife, Gran Canaria y Fuerteventura. Los jet-foils representaron una mejora notable en la calidad del trafico interinsular de pasajeros, disminuyendo las travesías entre las islas capitalinas de 4 horas a sólo 80 minutos. No obstante el transporte de coches y camiones debía continuar realizándose en los ferries tradicionales. La interacción de los jet foils, barcos susceptibles de verse afectados por la colisión con cetáceos de mediano y gran tamaño, son bien conocidos. En este sentido, varias colisiones con cachalotes (Physeter macrocephalus) y rorcuales (Balaenoptera spp), acaecidas en los años 1991 y 1992 , de graves consecuencias tanto para la propia compañía como para los pasajeros, y por supuesto para los animales, motivo a la naviera a financiar un programa de investigación sobre la distribución de cetáceos en las islas y a instalar en sus embarcaciones de alta velocidad sistemas de detección para prevenir las colisiones |
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![]() Zifio de Cuvier varado en La Eras en 1999 |
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Sin embargo, coincidiendo con este nuevo modelo de transporte, que indudablemente ha mejorado las comunicaciones entre islas y ha tenido gran aceptación social, se detecto un notable incremento en el numero de cetáceos varados con señales de colisión. Esta situación ha creado alarma y preocupación ante el verdadero impacto que el incremento del tráfico marítimo en Canarias puede estar causando en las poblaciones de cetáceos de las islas. En este sentido, y aunque como ya hemos señalamos anteriormente las colisiones se pueden dar con cualquier tipo de barco, la aparición de enormes ejemplares con el cuerpo limpiamente seccionado limita el tamaño de barcos capaces de producir estas heridas. No obstante es necesario hacer hincapié en señalar la dificultad de valorar la verdadera incidencia del tráfico marítimo sobre las poblaciones de cetáceos. Dada la velocidad y envergadura de los buques modernos es probable que muchas colisiones no originen averías y pasen desapercibidas incluso para la tripulación. Por otro lado, la probabilidad de que varen animales con signos de colisión son bajas debido a la propia naturaleza insular y al efecto de las fuertes corrientes marinas entre islas que tiende a alejar de la costa a los cetáceos, o a los restos que se pudieran encontrar a la deriva tras una colisión. |
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Ya en el año 2000, a fin de valorar el riesgo potencial que pueden representar las embarcaciones de alta velocidad, un estudio elaborado por el Instituto de Estudios Marinos de la Universidad de Playmouth, el Departamento de Biología Animal de la Universidad de La Laguna en colaboración con la Sociedad Tenerife Conservación, alertaba sobre el riesgo que suponen las embarcaciones de alta velocidad para la vida de las ballenas y delfines en las Islas Canarias (Tregenza et al, 2000). Los autores describieron un modelo matemático que determina el riesgo de colisión y examina las implicaciones para la población de cetáceos en los Lugares de Importancia Comunitaria que son atravesados por las líneas de alta velocidad. Los resultados obtenidos indicaron la posibilidad de que se produjeran un número total de 467 colisiones al año para los calderones en el canal Tenerife-La Gomera y de 8 colisiones al año para los grandes cetáceos en el canal Tenerife-Gran Canaria. No obstante, estos resultados deben ser interpretarlos con precaución ya que, en esa fecha, se considero un comportamiento indiferente de los cetáceos ante la presencia del ferry, y no se conoce lo suficiente sobre la distribución, densidad y patrones de inmersión-emersión de las especies afectadas. Sin duda este hecho puede haber dado lugar a una sobreestimación de la probabilidad de colisión para estas especies. En cualquier caso y dado que las colisiones ocurren, aunque no tengamos la completa certeza científica de la verdadera incidencia de esta actividad, aplicando el principio de precaución, es de sentido común aceptar que se debe estar produciendo un aumento en el numero de colisión entre cetáceos y barcos como consecuencia del desarrollo del trafico marítimo. Sin embargo, la toma de medidas para prevenir las colisiones a bordo de las embarcaciones dependen de las navieras y las administraciones competentes en materia de transportes y medio ambiente no han recabado información precisa sobre la distribución y densidad de cetáceos en las rutas marítimas autorizadas. Para prevenir las colisiones creemos imprescindible que las navieras que operen con barcos de más de 20 nudos de velocidad, tanto de los barcos para el transporte interinsular como los mercantes y cruceros, dispongan de una cartografía detallada de las zonas de alta densidad de cetáceos. A la misma vez se debe aportar más información sobre la importancia y singularidad de las poblaciones de cetáceos en Canarias y del intrés social en su conservación. |
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